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Un malón de indios irrumpe en una población fronteriza de blancos y toma cautiva (entre otros) a María, más tarde su esposo Brian, al intentar rescatarla sufre la misma suerte que la mujer. Los aborígenes festejan la victoria con un gran festín y la mujer aprovecha la confusión para liberar a su esposo malherido. Ambos buscan refugio en el desierto, en tanto que las tropas cristianas llegan hasta la toldería pero no encuentran a su jefe. La pareja comienza entonces una penosa huida en la que deben soportar la sed que los abrasa, la presencia de un tigre y la quemazón de unos pajonales que los rodean. Brian no resiste la aventura y muere. María sepulta a su esposo y continúa su camino con una sola esperanza: encontrar a su hijo. La mujer es hallada, finalmente, por un grupo de soldados que le informan la muerte del niño, degollado por los salvajes. Frente a esta noticia, María fallece. La llanura pampeana encierra en su seno las tumbas de los esposos.